miércoles, 12 de agosto de 2009

Tanda de las notas de opinión hechas durante el primer cuatrimestre por los chicos de sexto año "B".



MUCHO ESFUERZO - POCAS HORAS



Corría el año 2004, cuando empezamos una etapa muy linda en nuestro curso, aunque a la vez, por momentos, conflictiva. Hubo cambios, problemas, pero siempre pensamos en terminar la secundaria de la mejor forma posible. Las ilusiones eran muchas, la principal: “nuestra recepción”, símbolo de la culminación de un período muy importante en nuestras vidas.



Hoy estamos a meses de terminar sexto año, el tiempo ha pasado más rápido de lo que imaginábamos, ¡qué problemas se nos avecinan! Pensar cómo va hacer la fiesta para que sea única e inolvidable. Comienzan las reuniones de los padres, las opiniones contrarias, surgen gastos, malestar y mucho trabajo.



Hay que buscar presupuestos de toda índole, desde la contratación del salón, sonido, catering, iluminación, hasta los gastos más inesperados que se puedan imaginar. Entonces la realidad viene a manchar nuestros sueños, cuando comprobamos que muchos de nuestros compañeros no podrán ser partícipes de este agasajo porque su situación económica no se los permite. Y es en este momento en que nos damos cuenta de que no es adecuado gastar tanto dinero en una fiesta de recepción, aunque creamos también que es un evento que no se puede obviar.



Nuestra opinión es hacer una recepción cuyos gastos sean mínimos, ya que esa noche lo más importante no es tener una fiesta con tanto lujo, sino tratar de pasar las últimas horas todos juntos de la mejor manera posible divirtiéndonos. Tampoco consideramos correcto ocasionar tantos gastos a nuestros padres, más si tenemos en cuenta la situación económica en la cual estamos viviendo.



Este problema se puede comparar con la famosa excursión a San Carlos de Bariloche, ya que tampoco se justifica gastar tanto dinero para un viaje que tranquilamente se puede reemplazar por otro más económico y de esta forma lograr ir todos juntos y no como ocurre habitualmente, que van sólo los chicos cuya situación económica se los permite.



En nuestro caso pensamos que los gastos pueden minimizarse en un 70% si sacamos los que son innecesarios, por ejemplo, la pantalla gigante –que si bien tiene su encanto porque sirve para pasar videos y fotos de nuestro curso en el transcurso del año 2009, no se justifica invertir tanto dinero en ella ya que se usa unos pocos minutos durante toda la noche.



“En épocas anteriores la recepción se basaba en un acto en donde sólo se les entregaba los diplomas y luego se hacía una reunión entre los familiares más íntimos, que duraba poco tiempo y luego los chicos se iban todos juntos a bailar”, nos afirmó Claudia Juárez, una mujer de la época. En cambio ahora, ya no es un simple festejo, sino que pasó a ser un reality show al estilo Tinelli.



Nosotras opinamos que, si fuimos compañeros de una etapa tan hermosa de ilusiones y sueños ¿podemos valorar más unas pocas horas de diversión “a lo grande” antes que el compañerismo propiamente dicho? ¿Podemos, además, ser tan egoístas como para olvidarnos del gran esfuerzo que nuestros padres deben hacer para afrontar los gastos de nuestra “gran noche”?



Llegamos a la conclusión de que mucho mejor sería juntarnos todos a festejar con una reunión sencilla, sin tanto protocolo, para que todos nuestros compañeros puedan estar, disfrutar y tener el mismo recuerdo que nosotras.





Por: Aylén Gerbaudo y Claribel Iocco



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