viernes, 17 de abril de 2009

INFORME PERIODÍSTICO: A LA LUZ DEL SEMÁFORO



A menudo, por las calles y avenidas principales de San Francisco, vemos a distintos personajes ejecutando malabares con distintos tipos de elementos como clavas, pelotitas, fuego, banderas, etc.; están situados en el semáforo, dependiendo del cambio de luz para realizar su actividad. De allí surgió nuestra inquietud por querer conocer más sobre el tema.
Fue así como nos dirigimos a un destacado artista callejero de nuestra ciudad, Luis Romero, más conocido como “Pampero”, quien se encontraba junto a su amiga y compañera de semáforo Alex Borgen, arribada de los Estados Unidos, ambos nos contaron sus anécdotas.

El objetivo de esta actividad

Una de las artistas entrevistadas, Macarena Bermúdez (Godoy Cruz, Mendoza), quien se encontraba de paso en nuestra ciudad, nos contó que el objetivo de realizar este arte “es hacer reír a la gente y conseguir dinero para lo necesario”. “Me dediqué a esto porque mi murga (…) se desarmó y con esto de los semáforos pude encontrar una actividad similar. También lo hago para poder divertirme y continuar viajando”, nos confesó.
Alex agregó que “esta actividad es muy importante para la gente porque es arte público. Decidí hacer esto porque en Estados Unidos nunca vi algo así en el semáforo, en las calles o en las plazas sí, pero nunca ahí. Es muy interesante”.
En general, los artistas coinciden en que el objetivo es poder transmitir una sensación agradable a las personas, pero también poder recaudar algo de dinero para ayudar a sus finanzas.
Los “semaforistas” toman muy en serio este trabajo, practican todos los días y preparan nuevas rutinas para sus espectáculos, esperando con ansias la luz roja para salir con energía y entusiasmo a demostrar sus habilidades.

Pero… ¿qué piensa la gente de que realicen este arte en los semáforos?

Frente a encuestas realizadas, llegamos a la conclusión de que al 60% de las personas no le molestan que haya malabaristas en los semáforos, opinan que “les parece bien que expresen lo que saben hacer, ya que es entretenido y hace que el tiempo de espera sea agradable”. Mientras que el 40% restante, no está de acuerdo debido a que “causan molestias y obstruyen el tránsito causando peligro”. Los que realizan esta actividad saben que es peligroso, pero asumen ese riesgo. Alex nos cuenta: “Una vez en Santiago de Chile, estábamos trabajando en un semáforo, la calle era para dos filas de autos y había tres y encima un camión, la luz del semáforo cambia, había muy poco espacio para pasar, los vehículos comienzan a andar, y me pasaron muy cerca, eso sí me dio miedo”.
Dadas estas opiniones nos dirigimos hacia el Inspector Municipal Jorge Piñata con el propósito de preguntarle si realmente hay alguna ordenanza que impida o no esta actividad en los semáforos. Su respuesta fue que “toda persona que realice esta actividad tiene que pedir permiso porque la ordenanza nº 5129 dice que no pueden hacer ejercicio de comercio, que en definitiva lo están haciendo cuando hacen el juego y pasan a recolectar el dinero; tienen que pedir la autorización correspondiente y junto con ella se le asigna el lugar donde pueden hacerlo”.
Sin embargo, para ver si esto se cumple, recurrimos al malabarista “Pampero” que está más en el tema y nos dio a conocer que “al principio lo molestaban, los Inspectores Municipales nos sacaron, decían que no estaba en la ordenanza, nosotros fuimos a averiguar y no decía que no se podía hacer, entonces seguimos”.
Los malabaristas nos explicaron que prefieren estar en la zona céntrica, ya que son los semáforos más largos y es donde hay mayor movilización de gente.

¿Cómo reaccionan los espectadores?

Observando a la gente mientras Pampero y Alex hacen su número, vemos como algunos miran, pero con una mirada indiferente, porque no les interesa y están atentos al semáforo para seguir. Otros, en cambio, llegan al semáforo con una sonrisa.
Los artistas le dan más importancia a aquellos que les tiran “buena onda” y, principalmente, a los niños.
Mientras estaba la luz verde, Alex nos contó una anécdota: “Una vez, trabajando en el semáforo, al frente había un restaurante y allí estaba cenando una familia que tenía tres hijos, éstos estaban pegados a la ventana mirándonos y nos gritaban “¡me encanta!”, tenían los pulgares hacia arriba y nos tiraban buena onda, es por eso que comenzamos a jugar con ellos a la distancia”, la joven malabarista expresó también: “Creo que es más fácil interactuar con los niños, pero cuando lográs que los padres cambien la expresión de su cara, eso esta buenísimo, porque a la gente adulta es más difícil sacarles una sonrisa”.
Nos pareció indispensable conocer un poco más de lo que hacen estos artistas y por qué motivo lo hacen, para no generalizar críticas sobre lo que realizan, ni negarles nuestro apoyo, ya que hay mucha gente que opina sin conocer sobre esta actividad y el pensamiento que ellos tienen sobre la misma, y creen que son unos “vagos” por no tener un trabajo estable. Con respecto a esto, cuando le preguntamos si aceptaría un trabajo estable si se les presentase la oportunidad, Pampero nos contestó: “Depende, en realidad no sé. No me gusta la rutina. Una vez un camionero me levantó y me contó un cuento, éste decía que se habían juntado el mal, el demonio, la lujuria y la pereza para derrocar al amor, pero ninguno pudo; y uno pequeñito que estaba dando vuelta lo logró, ése era la rutina”. Por su parte, Alex nos dijo: “He tenido otros trabajos pero nunca estuve contenta, necesito algo para disfrutar, un juego, una relación buena con los compañeros y la interacción entre el humor y la gente. En realidad no quiero dinero, quiero hacer algo con un significado”. Macarena nos respondió que ella sí aceptaría un trabajo fijo, “a pesar de que los derechos de los trabajadores no se respetan”.
Con estas respuestas llegamos a la conclusión de que ellos no sólo trabajan para obtener dinero, sino que lo realizan para alegrar a la gente, divertirse y “por amor al arte”.


Collino, Juan; Fenoglio Yohana; Fernández Emiliano; Romero, Sandra
(Alumnos 6° “B” – Promoción ’08)